La tortura atenta contra la dignidad inherente de toda persona y deja profundas secuelas en las víctimas, sus familias y la sociedad en su conjunto. Por ello, preservar la memoria de quienes la padecieron es una responsabilidad colectiva y una condición indispensable para construir un futuro basado en el respeto de los derechos humanos.
Desde su creación, las Naciones Unidas han impulsado el desarrollo de normas internacionales destinadas a prevenir y erradicar la tortura. La adopción de la Declaración Universal de Derechos Humanos en 1948 estableció que nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Este principio fue posteriormente fortalecido mediante la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, que obliga a los Estados a prevenir, investigar y sancionar estos crímenes, así como a garantizar reparación para las víctimas.
Las Naciones Unidas también han creado mecanismos especializados para combatir la tortura y apoyar a quienes la han sufrido, entre ellos el Comité contra la Tortura, el Subcomité para la Prevención de la Tortura y el Fondo de Contribuciones Voluntarias de las Naciones Unidas para las Víctimas de la Tortura, que brinda asistencia a miles de sobrevivientes en todo el mundo a través de organizaciones que ofrecen atención médica, psicológica, jurídica y social.
Para las Naciones Unidas, la memoria histórica forma parte del derecho a la verdad y constituye un pilar de los procesos de justicia transicional. Conservar los testimonios, proteger los archivos, reconocer el sufrimiento de las víctimas y promover espacios de memoria contribuyen a combatir la impunidad, fortalecer las instituciones democráticas y generar garantías de no repetición.
Recordar a las víctimas de la tortura no es únicamente un acto de homenaje. Es un compromiso con la justicia, con la verdad y con la dignidad humana. Mantener viva la memoria permite reconocer el valor de quienes resistieron, honrar a quienes ya no están y transmitir a las nuevas generaciones la importancia de defender los derechos humanos en todo tiempo y lugar.
En Paraguay, la memoria histórica ocupa un lugar fundamental en este proceso. El hallazgo de los Archivos del Terror en 1992 permitió documentar miles de casos de persecución política, detenciones arbitrarias y torturas durante la dictadura, constituyendo uno de los acervos documentales más importantes de la región para el esclarecimiento de graves violaciones de derechos humanos. Posteriormente, el trabajo de la Comisión de Verdad y Justicia contribuyó a documentar estos hechos y formular recomendaciones para la reparación de las víctimas y el fortalecimiento de la democracia.
En este resumen del Día Internacional en apoyo a las Víctimas de Tortura, organizado conjuntamente con el Mecanismo Nacional de Prevencion de la Tortura en Paragua, el Museo de las Memorias y el Ministerio de Justicia, las Naciones Unidas invitan a reflexionar sobre el poder de la memoria como herramienta para construir sociedades más justas, inclusivas y respetuosas de la dignidad de todas las personas.
Solo reconociendo el pasado es posible avanzar hacia un futuro donde la tortura no tenga cabida.